24/12/08

Feliz Navidad

Feliz Navidad a nuestros lectores y comentaristas, es la primera Navidad que pasamos juntos y espero que no sea la última. No abuséis con la comida y la bebida. Nosotros aprovecharemos estos días para gestar nuevos "posts" tan profundos e interesantes como siempre (jeje).

18/12/08

Recuerdos

A menudo encontramos lugares que nos despiertan sentimientos. Otras veces es al revés y son los sentimientos los que nos transportan a lugares lejanos, que conocemos aunque nunca antes hayamos estado allí. No se muy bien si lo que se evoca es un espacio físico o una experiencia.
Bolonia es feliz como lo es Salamanca. Las calles de Génova recuerdan a las de Lisboa. Sarajevo no es ni la sombra de una ciudad, el mercado de Iznik evoca los aromas cubanos de su homónimo en Cienfuegos (aunque en el primero no haya carne de cerdo y en el segundo no la haya de cordero). La isla de Ostrow Tumsky hace de Wroclaw una ciudad mágica. Quizás tanto como le Petit France lo haga de Estrasburgo. Los camellos que van al reparto de Párraga en la Habana, no son tan diferentes de los que recorrían cargados de mercancías el desierto. Los espárragos en la isla de Fionia se recogen igual que los que existen en el delta del Nilo. Gante despierta nostalgia como lo hace Évora.
Las “grandes” ciudades, Madrid, París, Viena, Berlín, Roma, Zurich…son todas iguales. Despiertan siempre el mismo sentimiento.
El cielo de la Hamada argelina no es comparable con nada. Su gente tampoco.

Genova y Lisboa

Existen dos tipos de personas. A las que les gusta Lisboa (o les gustaría, si nunca han estado) y a las que no.
Es una clasificación que no obedece a un determinado gusto estético o artístico. Lisboa te gusta o no, pero no sabes muy bien por qué. Estuve allí hace 2 años y espero tener la oportunidad de volver pronto.
Hace unas pocas semanas he estado en Génova. Con Génova pasa un poco como con Lisboa, o te atrapa irremediablemente o te deja completamente indiferente. Parte de mí se quedó en el barrio portuario Genovés. Comentando con los compañeros Erasmus (no estamos muy lejos de Génova, y aunque no aparece entre los principales destinos turísticos de Italia, resulta atractivo acercarse por allí), confirmé mis sospechas.

La similitud entre ambas ciudades va mucho más allá de lo arquitectónico (que resulta evidente pues se trata de dos ciudades portuarias edificadas sobre colinas, con estrechas callejuelas y cuyo casco histórico se remonta en su mayor parte a los siglos XV y XVI).
Como en Lisboa, en Génova se intuye un pasado glorioso. Estas ciudades fueron durante el renacimiento dos de las principales metrópolis del mundo. De Génova (patria de marineros y comerciantes) salió el dinero que hizo posible la conquista del nuevo mundo. De Lisboa, partieron las grandes embarcaciones que llegaron a la India , Brasil y el Cabo de Buena Esperanza.
Frente a este espléndido pasado, hoy en día ninguna de estas ciudades suenan como punteras en ningún sentido a nivel europeo, y no digamos mundial. Tampoco se trata de ciudades demasiado turísticas. Es realmente poco probable ver turistas por las calles del barrio portuario genovés y tampoco es demasiado común ver sacafotos en la Alfama ni en Gracia.
Sus edificios recuerdan a esas viejas que aunque vencidas por el tiempo, un día fueron hermosísimas, y no se resignan a perder su atractivo. Quizás sea esa lucha contra sí mismas, lo que haga de estas ciudades lugares inolvidables.
Ambas ciudades comparten también una vocación marinera. Tanto Génova como Lisboa han dependido del mar toda su historia antigua. Del mar vino su riqueza, y más tarde, su decadencia. Como Lisboa, Génova se construye en torno al puerto, el punto más bajo de la ciudad. Desde allí ascienden en tortuosas colinas todos los barrios de la urbe. La vocación marinera de estas dos ciudades, tan relevante históricamente como ausente hoy en día, parece impregnar todavía el carácter de sus habitantes tanto como el recuerdo de un esplendor que ya queda muy lejano.
Definitavemente sí, el espíritu de las ciudades no lo hace su arquitectura sino sus habitantes. Génova y Lisboa comparten algo más que arquitecturas semejantes, comparten un pasado y un presente, comparten una vocación común, comparten un mismo espíritu.

10/12/08

Una pizca de sabiduría

Hace poco recibí una importante aportación a mi capital humano y, sorpresa sorpresa, la aportación provino de la Universidad. Parece ser que en esta vida "no sólo hay que trabajar, sino que además hay que aparentar que trabajas".

Gran frase. En verdad nos hace plantearnos cosas. Hace unas semanas hice un post sobre la actuación policial y comentaba que importaba más la apariencia de efectividad que conseguirla realmente, pero ahora me doy cuenta de que la necesidad de apariencia alcanza más que el mero ámbito policial. Hay muchos ejemplos pero pondré los más señalados: la política (¡a ver cuándo haceis algo senadores!), las políticas (¿alquien cree que se consigue algo con las órdenes de alejamiento?), los reguladores del mercado e instituciones públicas (BME, CNMV, ICO...), los administradores de las empresas (saludemos al consejo de administración de GM), los profesores, los alumnos...

Viendo el alcance podríamos aventurarnos a retorcer la expresión original: "primero aparenta, luego sé (si quieres)".

¿No te lo crees? Imagina una empresa que viene a ofrecerte sus servicios y los dueños no se visten de traje... ¿no despierta suspicacia? Por qué crees que las empresas se preocupan e invierten tanto en crear "imagen de marca". Las consultoras/auditoras/otras aplican esta máxima a la perfección, pueden llegar a dedicarle el mismo tiempo a preparar su informe que a estudiar cómo presentarlo, es decir, empeñan el mismo esfuerzo en envolver el regalo que en comparlo.

¿A qué se debe?

Sin pensar mucho sobre las causas, la primera que se me viene a la cabeza es, como no, económica. Buscar información es costoso así que nos conformamos encontrar señales que nos indiquen por donde van los tiros; fácil, sencillo y para toda la familia. Aprendemos este tipo de mecanismos desde pequeños y conseguimos hacer que la imagen o apariencia importe más que la realidad. Si consiguiésemos dar más peso a la realidad, a lo que las cosas son, podríamos hacer el mundo un poquito mejor o, por lo menos, habría menos estafados.

¿Cómo podríamos evitar caer en el embrujo de la apariencia?