15/9/08

Quien no es revolucionario a los 20....

Voy a empezar este post comentando uno de nuestros refranes más populares, que al menos yo (y puedo asegurar que no soy el único) estoy harto de escuchar a mi alrededor.
Dice el saber popular que el que a los 20 no es revolucionario (o rebelde, o de izquierdas, el refrán tiene numerosas versiones, en cualquier caso no es lo mismo una cosa que otra, pero ese es tema para otro post) no tiene corazón, y el que a los 40 no es conservador (o de derechas, o reaccionario, tampoco son palabras sinónimas, aunque en este caso el debate terminológico me preocupa menos) no tiene cabeza.
Adelanto mi conclusión: no estoy de acuerdo con el refrán, además me parece especialmente sangrante. Pienso que la rebeldía y el inconformismo (que no el ser de derechas o de izquierdas) no los provocan las hormonas, sino la reflexión, la formación y el conocimiento de nuestro entorno. Creo que ninguno de estos factores se altera por sí mísmo con el paso de los años. De cambiar, irían a más.
En cualquier caso, me gustaría matizar lo señalado en el párrafo anterior. Las hormonas no afectan la conciencia político-social, pero sí es cierto que quizás lleven a defender las posiciones ideológicas de forma más enérgica, y sobre todo a ser más expeditivo a la hora de materializar esas ideas. Quizás en este punto, si atribuimos al término revolucionario connotaciones violentas y no sólo ideológicas, podamos entender al menos la primera parte del refrán.

Volvamos al tema central. La principal conclusión que me gustaría tuviera esta reflexión sobre nuestro castizo refrán es la importancia de formarse. Para los que pensamos que otro mundo no sólo es posible sino también necesario, creo que la formación (económica, política y literaria) es la herramienta fundamental que permitirá el cambio. Sólo a través de ésta podemos comprender las verdaderas causas de los problemas y por tanto plantear soluciones factibles y efectivas a estos. Hay que tratar de canalizar "científicamente" (no malinterpreten el término por favor, me refiero a comprender por qué suceden) todos estos impulsos rebeldes que sufrimos cuando vemos al FMI expropiar países, o comentar a unos tipejos por la tele que la inmigración "ilegal" aumenta debido al efecto llamada que provocó la ley de regularización.
Una adecuada formación nos permitirá un análisis más profundo de la realidad que nos rodea (y que nos muestra la tele) y hará que seamos capaces de comprender y explicar los acontecimientos cotidianos sin recurrir a topicazos perroflaúticos.
Otro de los efectos de ésta es que impide que la rebeldía se convierta en una moda pasajera, asociada a una época de la vida, y cuando alguien nos diga que si no somos de izquierdas ahora, ¿cuando lo vamos a ser?, podremos responder que toda la vida.
Nuestra rebeldía, la útil, la que terminará por cambiar el mundo (a mejor) es atemporal, y tiene su razón de existir en la reflexión, el conocimiento y la sensibilidad.

Personalmente, me da vértigo la simple idea de que dentro de unos años, pueda mirarme al espejo y no reconocer mi imagen. Me causa verdadero miedo la posibilidad de convertirme en una de esas personas con traje y gomina que cuando chocas con ellos por la calle ni siquiera se dignan a mirarte.


Termino el post proponiendo algunas lecturas actuales, fáciles de comprender, criticables por supuesto, pero bastante ilustrativas de lo expuesto en el texto:

Conversaciones: José Luis Sampedro-Carlos Taibo.
El beneficio es lo que cuenta: Noam Chomsky (obviar por favor la parte conspiranoica del libro)
El malestar en la globalización: Stiglizt
EL banquero de los pobres: Mohamed Yunus

6 comentarios:

XIII dijo...

No puedo estar más de acuerdo con lo que expones, scs. Si crees que algo está mal con 20 años y las cosas no cambian, deberías seguir pensando lo mismo. Es verdad que con los años nos acomodamos y se hace más fácil dejar pasar las cosas, pero las ideas no mueren. Me parece que aquellas personas que "se convierten" con la edad son: hipócritas o les han lavado el cerebro.
Por otro lado, no hay que negar el valor de la experiencia. Las cosas suelen verse blancas o negras en la juventud y eso da lugar a posiciones extremas o radicales.
Por último la rebeldía no puede asimilarse a tendencias políticas o extremismo.
En resumen, creo que rebeldía es entender que un status quo está mal y querer hacer algo para cambiarlo. Puede que la segunda parte se pierda con la edad pero la primera no (aunque se atempera).
PD: no entro con la educación que se merece un post entero y no un triste comentario.

Álvaro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sueño con serpientes dijo...

Lo primero de todo, muchas gracias por vuestros comentarios. Me alegra saber que compartimos unas mismas inquietudes.
Dicen que rectificar es de sabios, y si la verdad me gustaría cambiar alguna que otra palabra del texto. Creo que pueden inducir interpretaciones incorrectas sobre lo que he pretendido transmitir.
En primer lugar, el título del post.
Por revolucionario no me refiero a una opción política (de izquierdas), sino a pretender una voluntad de cambio (que también existe en los liberales).
Creo que cuando esta tiene su origen en el conocimiento y la reflexión, no se ve alterada ni por la edad ni por la posición económica que pueda tener una persona, que como comenta Álvaro, si puede variar con la edad. No obstante, estoy de acuerdo contigo, en que la posición económica puede afectar a la sensibilidad, y por tanto a la voluntad de cambio.

Por otra parte, me gustaría enfatizar que el refrán comentado, no era sino una excusa para hablar de la importancia de la formación intelectual como vehículo seguro para el cambio, y en cierta medida, como terapia anti-hormonal.


Vamos a temas personales. Hablabas de liberalismo.
Los liberales (creo que no te vas a sentir ofendido porque me refiera a ti con este apelativo), también quereís hacer del mundo un lugar mejor.
Sin embargo, nos diferenciamos de vosotros en la forma de conseguirlo, y desde luego en qué entendemos por un mundo mejor. Los liberales no cuestionan que la pobreza sea mala, pero muchos de ellos (Sala i Martín) no entienden de forma negativa la desigualdad.

De todas formas, creo que el liberalismo es un tema para tratar de forma extensa, así que Álvaro, te animo a participar en el blog como autor para confrontar ideas acerca de esta corriente a la que Sampedro se refiere como "fundamentalismo de mercado".

Álvaro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sueño con serpientes dijo...

Hola Álvaro;

No estoy de acuerdo contigo en el tema de la igualdad. Cuando hablamos de igualdad nos referimos a la de oportunidades, que no existe en ausencia de actividad estatal, ya que la situación socioecómica en ausencia de mecanismos correctores se traslada de una generación a otra, impidiendo que pueda existir de hecho una verdadera igualdad de oportunidades. En cualquier caso, y aun así, creo en la progresividad del sistema impositivo, y la necesidad de una función redistributiva del estado. No obstante, no siento como míos lo que tu llamas experimentos cubano y soviético. No siento como míos regímenes que reprimen de forma brutal derechos y libertades (bien es cierto, que hay que contextualizar estos regímenes en su época).
En cualquier caso, la función del estado en mi opinión no debe repartir lo que existe como tu dices sino construir de forma más igualitaria.
Respecto al tema de los incentivos, no pienso debartir contigo de este tema desde la ortodoxia económica. Para mí, que aun creo en la naturaleza humana, el hombre no sólo se mueve para obtener un beneficio mayor o por miedo. Existen otras muchas motivaciones que guían su conducta (y no me refiero a las necesidades del cuerpo).
Respecto a la revolución francesa creo que estamos completamente de acuerdo. Si marx explica bien algo, es el proceso revolucionario francés. No nos engañemos, se trató de una revolución de corte burgués que tenía como objetivo garantizar el derecho de propiedad de la emergente clase burguesa francesa frente a las injerencias de la obsoleta sociedad feudas representada por la clase nobiliaria. Pese a todo, rescato para mi uso personal un lema que sin contextualizar me suena muy bien: libertad, igualdad y fraternidad.

Álvaro dijo...
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